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De niña a prostituta. El viaje por la Costa Azul de una menor explotada por su prima

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Ana y su novio la convencieron para que huyera del centro de menores. Los tres se metieron en un autobús rumbo a Barcelona, donde la menor siguió siendo esclavizada.

Ilustración: Ajubel
Ilustración: Ajubel

Aurora vivía en Rumanía con sus padres cuando su prima le ofreció viajar a Italia. Nunca había oído hablar de Alessandria, una pequeña localidad situada a poco más de una hora de Génova, al norte del país, pero allí que se plantó con 16 años recién cumplidos a mediados de 2009. Se instaló en casa de su prima Ana, junto al padre y a la hermana de ésta, que ya llevaban años residiendo en un modesto pisito.
Ana enseñó a Aurora el único oficio que conocía sin tener en cuenta que su aprendiz era menor de edad, extremo que, sin embargo, sí aprovechaba la prima para someter a la joven, obligada a entregar todos sus ingresos a su supuesta superiora jerárquica. La niña hizo la calle con su maestra durante cinco meses, hasta que el 18 de diciembre de 2010 la Policía italiana las detectó en pleno ejercicio. Los agentes les pidieron la documentación y descubrieron el percal.
Aurora ingresó inmediatamente en el centro de menores La Colomba, situado en la aún más pequeña ciudad de Tortona, a 20 kilómetros al este de Alessandria. Ahí pasó varios meses la pequeña rumana, que recibía de vez en cuando la visita de Ana, cuyos bolsillos no soportaban la pérdida de ingresos que supuso la entrada de Aurora en la institución. De hecho, cada vez que iba a verla, la invitaba a abandonar aquel internamiento.
La prima se echó un novio y empezó a visitar a la pequeña con él. Daniel –originario de Albania y al que todos conocían como El farsante– y Ana eran cada vez más insistentes con la joven. Utilizaban todo tipo de argumentos para convencerla y finalmente consiguieron provocar su huida. Poco después de cumplir los 17 años, el 11 de julio de 2011, Aurora –que no tenía familia a la que acudir más allá de su prima– abandonó el centro de menores a escondidas. La esperaban Ana y su novio, que sabían que no tenían más remedio que salir de Italia para seguir explotando a la pequeña rumana.

La niña hizo la calle con su maestra durante cinco meses, hasta que en 2010 la Policía italiana las detectó en pleno ejercicio

Los conjuradores lo tenía todo planeado. Nada más recoger a su víctima, Ana le entregó el pasaporte de su hermana, la que vivía con ellos en Alessandria, que era mayor de edad, con el fin de eludir cualquier control policial. Se metieron los tres en el autobús y el vehículo arrancó. Destino, Barcelona, ciudad también desconocida para Aurora. Durante nueve horas de viaje, la joven contempló con los ojos muy abiertos los puertos repletos de costosos yates, las pobladas playas y la intensa luminosidad del veraniego mar de la Costa Azul. Génova, Niza, Cannes, Mónaco, Marsella o Montpellier fueron por unas horas la escapada mental que indicaba a Aurora que había vida más allá de la sordidez de la noche.
Pero la Ciudad Condal despertó a la joven del pasajero sueño. Los tres extranjeros fueron en directo a la pensión Tarrason, en el número 101 del carrer de l’Hospital, entre la avenida del Paralelo y Las Ramblas, donde la pareja volvió a registrar a Aurora con el pasaporte de la recurrente hermana de Ana. El farsante, que ya había estado antes en Barcelona, sabía que podían dormir los tres en la misma habitación por 55 euros al día.
El propio Daniel también se encargó de indicar a Aurora el punto exacto de la avenida del Paralelo donde debía ofrecer su cuerpo. La menor trabajaba desde las 10.30 horas de la mañana hasta las 2.30 horas de la madrugada, siempre vigilada por El farsante, a quien la pequeña debía entregar todo el dinero que sacaba. Cuando ella no tenía ganas, él la forzaba e incluso la golpeó en dos ocasiones con el fin de reconducirla.

La menor hacía la calle desde las 10.30 de la mañana hasta las 2.30 de la madrugada

La joven utilizaba el mismo pasaporte de su otra prima para todo, hasta que un día le robaron el bolso durante un servicio. Fue entonces cuando Daniel falsificó una carta italiana y cambió la fecha de nacimiento para que constase 1992 en lugar de 1994, con lo que la chica pasó de 17 a 19 años en unos pocos minutos.
Pero el 5 de agosto de aquel 2011 terminaron todos los engaños. Aurora recibió una llamada de la Fiscalía de Turín, que le ordenó personarse en la Comisaría de la Guardia Urbana de Barcelona. Las autoridades italianas nunca habían dejado de buscar a la pequeña y por fin la habían localizado. De hecho, nada más escapar, emitieron una orden de localización de menor desaparecida para todo el espacio Schengen y otra de busca y captura contra su prima Ana por inducción a la prostitución a una niña.
Aurora se alegró, pues no soportaba aquella vida, y corrió hasta las dependencias de la Guardia Urbana en un descuido de El farsante. Los policías le tomaron declaración y la trasladaron luego a un centro de acogida dependiente de la Generalitat de Cataluña. El 29 de febrero de 2012, la Dirección General de Atención a la Infancia –pues ella aún era una cría– declaró su situación de abandono y asumió su tutela.
El 30 de octubre de 2012, la Audiencia Provincial de Barcelona ordenó la apertura del juicio y se lo notificó a la joven víctima. Sin embargo, ese mismo día, la chica huyó del piso tutelado. Dijo que se iba a su país, Rumanía, para regularizar su documentación. De hecho, la Generalitat le sacó un billete de ida y otro de vuelta para que fuera a hacer las gestiones. Pero la menor decidió no regresar ni siquiera para comparecer en la vista oral. Al menos no comunicárselo a sus cuidadores.
Hace unos meses, el Tribunal Supremo, en sentencia que tuvo como ponente al ex fiscal general Cándido Conde Pumpido, ratificó la condena contra Ana y Daniel (nombres ficticios, al igual que el de Aurora) dictada por la Audiencia Provincial por los delitos de trata de seres humanos y inducción a la prostitución, por los que ambos pasarán 11 años en prisión.

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