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Destapada por una periodista africana infiltrada, una red que explotaba a mujeres en prostíbulos de Málaga

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La organización regentaba tres locales de alterne en Málaga y Granada, donde las chicas llegaban a trabajar sin descanso de lunes a domingo.

 

Se presentó un día en la Comisaría Provincial de Málaga. La joven, que se identificó como periodista, tenía una historia que contar. Empezó a investigar el secuestro de niñas en Nigeria por parte del grupo terrorista Boko Haram y acabó infiltrada en una red de trata de mujeres para su explotación como prostitutas en locales de alterne.

Los investigadores nunca habían contado con un testimonio tan valioso. De hecho, su relato ha permitido a la Policía Nacional desarticular una red que explotaba sexualmente a más de 60 mujeres en tres clubes de Málaga y Granada. La periodista, de la que sólo ha trascendido que es africana, llegó a pasar por varios de estos locales.

La investigación policial comenzó hace algo más de un año. Agentes de la Unidad contra las Redes de Inmigración y Falsedad Documental (UCRIF) de Madrid, Málaga y Granada comenzaron a trabajar en la que bautizaron como ‘operación Naira’, que les llevó a identificar a 11 presuntos miembros de la organización, que han sido detenidos. Seis de los arrestados son españoles y el resto, sudamericanos.

La organización utilizaba un local en Atarfe (Granada), en el que los agentes localizaron a más de 30 mujeres, y otros dos en las localidades malagueñas de Benalmádena y Torrox, donde identificaron a otras 28 chicas, la mayoría de ellas nigerianas, rumanas o sudamericanas. Según fuentes cercanas al caso, las habrían obligado a trabajar como prostitutas, muchas de ellas de lunes a domingo, de cuatro de la tarde a tres de la madrugada, si querían «mantener la plaza». Para aguantar el horario, eran incitadas a consumir sustancias estupefacientes, lo que además les generaba una dependencia económica. Las víctimas, casi todas en situación irregular, se veían abocadas a aceptar las «condiciones abusivas» que les imponían por su «precaria situación económica», según la policía.

Los investigadores descubrieron que los tres locales no funcionaban de forma independiente, sino bajo una misma batuta. La misma chica a la que habían identificado en Granada era localizada semanas más tarde en Torrox y después en Benalmádena. «Trasladaban constantemente a las mujeres, con lo que se aseguraban de variar la oferta a sus clientes y, al mismo tiempo, evitaban que las chicas se fueran a trabajar a clubes rivales», añade el comunicado policial.

Agresiones sexuales

El caso más extremo, tanto por las condiciones higiénicas como por la situación en la que estaban las chicas, se estaba produciendo en el puticlub granadino, según las fuentes. Varias de las víctimas denunciaron que habían sido obligadas por encargados del local a mantener relaciones sexuales para conseguir «la plaza» con la que ejercer la prostitución y, después, para mantenerla.

La organización supuestamente utilizaba diversas técnicas contables para el intercambio de bienes inmuebles con el fin de ocultar los beneficios de la explotación sexual y dificultar el seguimiento del dinero. En la operación, los agentes realizaron cuatro registros –en los tres clubes y en el domicilio de uno de los detenidos– donde se incautaron de 20.000 euros en efectivos, dosis de droga preparadas para la venta y anotaciones de la contabilidad de los servicios sexuales prestados por las víctimas.

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