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Esclavitud y prostitución

Publicado en: Artículos de Opinión, Otros

Por:
CARLOS PAJARES
SE dice que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. De acuerdo con esta afirmación, se le concede el estatus de oficio y como cualquier otro oficio su práctica hay que reglamentarla y protegerla como cualquier otra actividad laboral, legislando sobre sus derechos y deberes.

Esta posición, sustentada en algún partido político y por algunos sectores del ámbito académico, se argumenta añadiendo que la mujer y el hombre son dueños de sus cuerpos y por tanto de usarles como ellos mismos quieran. Es un trabajo más. Esta posición aséptica, aparentemente racional, además de estar carente de la función social que tienen todos los hombres y mujeres de este mundo, ignora una realidad: la esclavitud que supone la prostitución. Como la gran mayoría de las personas que la ejercen son mujeres, esa esclavitud y prostitución constituye una evidente violencia de género, frente a la que la sociedad no puede permanecer indiferente.

Dentro de la revolución de las mujeres, promoviendo una igualdad real entre las mujeres y los hombres, la liberación de las prostitutas debe ser un objetivo fundamental tan importante o más que el que se sienten un número importante de mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas. Por ello sería conveniente que la sociedad civil pusiese en marcha actuaciones y manifestaciones que hiciesen más difícil la actividad empresarial relacionada con la prostitución, demandando recursos humanos y económicos para hacer posible una liberación efectiva de las mujeres que la ejercen.

En una reciente novela negra los escritores Noemi Trujillo y Lorenzo Vilas describen muy bien las mafias que mueven la prostitución y las dificultades que tiene la Policía para luchar contra ellas. También ponen de relieve el papel de unas monjitas que acuden a los clubs con su mochila y pantalones vaqueros a hablar con las mujeres y ofrecer posibilidades de integración efectiva en la sociedad.

Religiosas que también existen en Santiago, las oblatas, que hacen posible una verdadera integración al ofrecer residencias y formación a las prostitutas para que ellas puedan afrontar una vida normal. No es fácil la liberación e integración de las prostitutas que están sin protección alguna en situaciones de mucha vulnerabilidad, sin recursos económicos, sin formación, bastantes son analfabetas y sometidas a amenazas.

Las estadísticas dicen que más de un 30 % de españoles han realizado sexo alguna vez con una prostituta. A veces, incluso en despedidas de soltero o en celebraciones fin de curso se acaba con una prostituta. Las personas debemos pensar que por encima de algo sexual lo que se realiza es un acto de esclavitud y explotación, donde se pone de manifiesto la falta de capacidad, miseria e inconsistencia de los hombres que lo realizan.

No basta con alejar los centros de prostitución al extrarradio de las ciudades para que no se vea, pero permitiendo que siga habiendo explotación sexual.

Profesor emérito de la USC

 

vía: https://www.elcorreogallego.es/opinion/firmas/ecg/esclavitud-prostitucion/idEdicion-2019-10-25/idNoticia-1209908/

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