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En guerra contra la prostitución

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La explotación sexual se traslada de los grandes clubs a cortijo y pisos de la provincia Las mujeres que sufren las peores condiciones son las de origen subsahariano.

 

Los grandes prostíbulos llenos de mujeres ya no existen en Almería. La tradicional imagen de un local de alterne ha cambiado hasta convertirse en algo anecdótico, gracias principalmente a la labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Uno de los principales enemigos es la Policía Nacional, que a través de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) combate la trata de blancas dentro de un plan estratégico que el año pasado permitió detectar unas 300 víctimas en la provincia.

El inspector que a su vez es jefe de grupo de la UCRIF en Almería señala a Diario de Almería que en 2015 fueron detenidas cinco personas por este tema, así como que cinco chicas fueron asistidas por oenegés, contando además con tres testigos protegidos. El problema es que no todas las mujeres prostituidas colaboran. “Si detectamos a cien víctimas, luego colaboran con nosotros tres o cuatro, es muy complicado”.

Contra la trata con fines de explotación personal se trabaja de forma coordinada con la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, la UCRIF Central, y luego con todas las UCRIF que hay en España, porque muchas de estas investigaciones afectan a varias provincias. Se trabaja básicamente en “puntos negros”, zonas donde hay prostitutas, ya sea polígonos industriales, zonas en las afueras de las ciudades y en clubes de alterne, ya sean clubes de plaza, donde las chicas duermen, o clubes donde las chicas no residen o viven, pero sí van allí a ejercer la prostitución. Además también se actúa en pisos y cortijos, aunque “ahí es más complicado”.

“En todas estas actuaciones intentamos identificar a las potenciales víctimas. Se les ofrece lo que está establecido en la legislación, el período de reflexión para aquellas que están irregulares, y a las que no lo están , igualmente se les ofrece la posibilidad de colaborar con nosotros y sobre todo interesarnos por ellas por si pueden ser víctimas y poderlas ayudar”, aclara.

No obstante, el inspector asegura que no existe un perfil de mujer prostituida debido a que es “muy cambiante” según la nacionalidad. “Nada tiene que ver la prostitución subsahariana, nigeriana mayormente, con la rusa o la rumana, es otro mundo, otra cosa completamente diferente”, dice el jefe de grupo de la UCRIF.

Así, un primer grupo de mujeres prostituidas sería el de las nigerianas de poco más de veinte años, “que viene, normalmente en patera a través de Motril y luego acaban captadas… ya vienen traficadas pero acaban siendo derivadas a zonas de Cortijos de Marín, Níjar, Roquetas, Vícar, etc. Allí hay bastantes cortijos de prostitución”, mantiene.

Un segundo grupo es el de chicas rusas de veintipocos que “vienen traficadas desde Rusia” y para las que la explotación sexual no es igual al de las subsaharianas, porque “hay más tráfico de personas que trata. Aunque sí se prostituyen y comparten los beneficios con el dueño del establecimiento”. Otro perfil es el de las mujeres de Rumanía, “chicas de condición social humilde de zonas muy deprimidas. Los propios vecinos las sacan, las traen aquí y prostituyen muy jovencitas”.

Por último, existe un último caso, el de mujeres de Sudamérica que vienen con “cargas familiares y tienen que sacar adelante a sus hijos, que se han quedado allí en muchos casos”.

“Las rutas muy cambiantes, fenómeno muy dinámico, cuando una ruta se les aprieta cogen otra. Normalmente han entrado mucho por Holanda, al decir que venían a España los controles son mínimos, y solían evitar aeropuertos españoles porque el control es más fuerte. Aquí se les hace una entrevista, se les pregunta para qué vienen y se las puede rechazar si no se ve coherente la historia”, añade a su vez el inspector.

En cuanto a los clientes, en el caso de los cortijos-prostíbulo de zonas como Cortijos de Marín “el 99 por ciente es subsahariano. El cliente de los clubes de plaza es gente marginal, con poco nivel socioeconómico, cultural… En los bares de copas de rusas, de los que había muchos en el Poniente, en El Ejido, Roquetas…, incluso había gente de un nivel alto, empresarios con un nivel sociocultural más elevado”.

Las redes que traen a estas mujeres a Almería son “bastante uniformes”. Por ejemplo, las redes nigerianas son de Nigeria, van atravesando África y tienen la colaboración de gente de otros países, marroquíes, traficantes que luego las van a subir en la patera. En muchos casos son mujeres. En el caso de las rusas, funciona de manera distinta, existen agencias que les tramitan visado, toda la documentación, y aquí son explotadas normalmente en establecimientos cuyo dueño es español y su pareja sentimental es rusa.
Sin embargo, las redes rumanas son explotadas por mujeres de esta nacionalidad al “noventa y tantos por ciento, por clanes rumanos en muchos casos de etnia gitana”. Las sudamericanas son muchas veces gente que ha venido a trabajar y con lo que están ganando no pueden sobrellevar las cargas que tienen en su país y acaban en manos de estas redes.

 

Por Miguel Martín

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