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La nueva política y el entusiasmo neoliberal por la emprendiduría prostituyente.

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Parece que el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona está trabajando para proteger los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución por voluntad propia y por regular el ejercicio de la misma hasta aquel punto en el que el consistorio tenga competencias.

Este hecho ha ocasionado un movimiento de reacción en contra protagonizado por cuatro alcaldesas del área metropolitana y de diversas entidades feministas, con un cierto liderazgo del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM).

Y ha sido la pugna política la que ha provocado que el debate sobre la prostitución y las posiciones enfrentadas en torno a su regulación, salte a los medios en un intercambio de acusaciones por el uso partidista de la cuestión. Y probablemente una parte de esas acusaciones sean ciertas, pues en esto también consiste una parte del ejercicio político, tanto de la nueva como de la vieja política: en defender las propias convicciones y utilizar los medios al alcance para difundirlas, con la pretensión de conseguir una parcela de hegemonía sobre las ideas contrarias por el simple hecho de creer que las propias son mejores y más convenientes para la sociedad en su conjunto. O porque son las que uno defiende como ideario del partido al que pertenece. Es importante recordar que los partidos representan ideologías y que éstas condicionan su mirada de la realidad. Y que también este hecho les legitima a defenderlas por peregrinas que resulten. Por lo tanto, bienvenido el debate.

Espero que continúe y adquiera un calado más hondo, que se presente en toda su complejidad el qué es la prostitución, a quién beneficia, cómo funciona y cuál es su función…por ejemplo. Que se explique y se comprenda, que afloren los datos y las cifras, que se desmonten los mitos. Espero y deseo que cada persona tenga tanta información sobre el tema que le resulte imposible pasar de lado, encogerse de hombros o agarrarse al socorrido “alguna cosa hay que hacer” para evitar cuestionarse o cuestionar lo aceptado socialmente como hecho natural e inevitable, integrado como costumbre o como mal menor.

Es imprescindible que el debate sobre la prostitución tome la calle y esté de boca en boca. Que obligue al posicionamiento personal, que moleste e incomode, para poder desarraigar lo cómodamente instalado y aceptado si queremos abordarla como problema. Que entendamos que su existencia es una consecuencia política, y que unas políticas feministas a favor de la igualdad difícilmente podrán encajar en una perspectiva neoliberal que ofrece los cuerpos al mercado en calidad de mercancía.

Un punto de encuentro entre las distintas posiciones es, que es un problema sobre el que hay que actuar, puede que incluso compartan la conciencia de su magnitud. Ya que la prostitución es lo que se entiende en la intervención social como un “wiked problem”. Ah, perdón, debo especificar que desde las ciencias sociales nunca se aborda la prostitución desde esta perspectiva. A pesar de que es un problema hondamente arraigado, que adquiere aún una mayor complejidad con la globalización, que va en aumento, que afecta a toda la sociedad, que sus víctimas son mayoritariamente mujeres y niñas y las cifras rondan los 40 millones. En cambio, sus consumidores son mayoritariamente hombres, entre los que cabe la posibilidad de que algunos sean interventores o planificadores sociales. Aceptarlo como un problema perverso, por la gravedad de sus consecuencias para toda la sociedad, es imprescindible. Incluso molestando a los científicos sociales si fuese preciso. Así que empecemos a abordarlo como lo que es en realidad; un inmenso problema que afecta a toda la sociedad.

Lo que alimenta la pugna es la discrepancia entre las posibles “soluciones” y es que ésta es la esencia de las políticas. El cómo abordamos un problema, cuál es nuestra mirada sobre el mismo y de dónde partimos; a cuantas personas afecta en sus consecuencias, a quién beneficia o perjudica, a favor de quién decidimos… Una decisión política es un gesto cargado de simbolismo y significado que refleja un ideario y tiene consecuencias sociales siempre. El hecho decisorio es aún más importante cuando es una decisión equivocada o incluso cuando la decisión se evita. La no decisión es una decisión implícita.

Para abordar la prostitución como problema y no como algo irremediable, debemos preguntarnos por las causas. Cuando el problema adquiere las magnitudes de un problema perverso, globalizado, con grandes intereses económicos, con diferentes actores en posiciones marcadamente desiguales y sobredimensionado hay que preguntarse además por las causas de las causas. Y saber de antemano que los problemas complejos requieren soluciones complejas que cuenten con la complicidad social. Que provocarán reacciones y resistencias, que necesitarán diferentes niveles de intervención y diferentes plazos y que los resultados no están garantizados. Que los recursos, serán tan necesarios e importantes como la innovación e imaginación en los planteamientos y diseños de las políticas. Y sobre todo, que tan importante como acertar en la política concreta a desarrollar, es no decidir desarrollar la política equivocada. Porque esto último contribuye a reforzar y enquistar el problema como algo fuertemente fijado y perpetuo que sobrevive en el imaginario como un hecho natural e irremediable. En las políticas sociales un error pesa más que un acierto, es más caro, costoso, frustrante y condiciona y agrava todas las intervenciones posteriores. De hecho este es el círculo reproductor y multiplicador de la mayoría de los problemas sociales, que se inician siendo una injusticia y acaban desarrollando un sistema de explotación de unos sobre otros, acomodado a la naturaleza y a la costumbre.

Es por eso que me parece bien que el debate se amplifique y continúe. Después de todo, el debate sobre la prostitución está en el origen de los movimientos feministas y era la exigencia de las mujeres a no tener que prostituirse, a no ser explotadas, a no tener que vender lo único que poseían, sus cuerpos, lo que les dio empuje. Es la irrupción neoliberal a partir de los años 60 la que introduce el mito de libre elección basada en el consentimiento y plantea el acto de prostituirse como elección personal individualizada al margen de todo contexto social y de aquí a su planteamiento como oferta laboral.

En Barcelona, visibilizar la polémica en torno a las posibilidades regulatorias de la prostitución permite, en parte, presentar las diferentes posiciones, ya que durante los últimos años la actitud del consistorio convergente fue ambigua y tendenciosa. Por una parte, para aplacar las quejas vecinales, optó por penalizar a las prostitutas, admitiendo a posteriori que la recaudación fue bastante escasa. Se trataba de un gesto hipócrita ya que en realidad su postura, sin expresarla abiertamente, estaba a favor de la institución prostituyente. Por esta razón se toleraba el bombardeo en los medios tanto públicos como privados de la promoción de la prostitución como una nueva emprendiduría profesional y empresarial. Y a lo largo de los años han llovido las noticias sobre las ventajas laborales del ejercicio de la prostitución, en comparación con otras actividades profesionales. Y todo han sido alabanzas a los buenos salarios, excelentes condiciones laborales, las posibilidades de conciliación familiar, caché profesional… tanto que no se explica cómo no hemos decidido en considerar la prostitución como nuestra mejor salida profesional. Hacer de prostituta era presentado como una profesión altamente considerada. También bombardearon con la necesidad formativa para un ejercicio de excelencia de oficio. Frivolizaron con el tema profesional en connivencia con el lobby empresarial proxeneta, calculando su aportación al PIB y reclamando la garantía de ventajas fiscales como si se tratara de una actividad de interés social.

Ciudades como Barcelona se incluyen como ciudad altamente cotizada de ocio prostitutivo en las guías turísticas. Y parece ser que esta marca debe ser considerada motivo de orgullo ciudadano, algo así como parte de nuestro patrimonio cultural. Disfrute de nuestro sol y gastronomía mediterránea, visite la Sagrada Familia y eche una cana al aire con nuestras putas, pack de ocio completo.

La polémica desatada permitirá disponer, al menos durante un momento, de un espacio de difusión en el que pueda ser visibilizada y expuesta la opción abolicionista. El feminismo ha evolucionado y ha incorporado la lucha de clases. Sus causas originarias siguen siendo válidas frente a una realidad que se niega a avanzar y por el contrario involuciona. El patriarcado se adapta a los nuevos tiempos y se ajusta y apoya en el neoliberalismo. En sus postulados, los neoliberales, cualquier intento de nueva política queda desvirtuada por su descreencia en lo colectivo, solo lo individual, aislado y la lucha cuerpo a cuerpo tienen representación.

Frente a esta realidad, el feminismo en su apuesta por el abolicionismo de la prostitución, reclama la vigencia de los derechos humanos y sociales, también para las prostitutas, no por su actividad sino por su condición de personas. Y por lo tanto reclama con urgencia unas políticas adecuadas a la solución del problema y no a su pervivencia y aceptación resignada como mal menor.

Dichas políticas deben tener la aspiración legítima de la erradicación de la prostitución y no solo a que su práctica se haga con garantías sanitarias. Su lógica de abordaje debe ser la de los “problemas perversos” y dotarlas de fondos y recursos suficientes y sostenidos en el tiempo con un compromiso institucional mantenido. Toda la acción de gobierno debe tener contenido igualitario. Con políticas específicas de apoyo a las mujeres que ejercen la prostitución, que las capaciten y les ofrezcan alternativas tanto si desean salir como seguir con su ejercicio. La mirada solo puede ser bajo una perspectiva feminista y de género y en este sentido no hay atajos ni medias tintas, el feminismo solo puede ser ideológicamente de izquierdas y no tiene cabida en un marco neoliberal.

Se debe escuchar la voz de todos los actores sociales y también de las prostitutas, también de aquellas que quieren dejar de serlo, y de todas las mujeres que no queremos prostituirnos jamás. La prostitución como institución tiene consecuencias en toda la sociedad, todos estamos afectados y todos tenemos que tener una opinión formada al respecto basada en los valores para la convivencia, no para el ocultamiento hipócrita. Y se deben establecer procesos de mediación para el conocimiento y comprensión de la problemática, para que sea la propia sociedad la que contribuya a sancionar su uso y promueva cambios en la socialización de los jóvenes y desarrollen otras actitudes hacia la sexualidad.

Es imprescindible centrar el debate en el consumidor, la mayor incidencia para su erradicación debe estar centrada en la demanda. Su consumo debe ser sancionado socialmente, no se trata en exclusiva de una penalización, se trata de la reprobación de los actos. De la misma manera que se rechaza al maltratador, también el putero debe ser cuestionado, no puede aceptarse como natural y sin consecuencias un ocio que se disfruta en cuerpos ajenos. Trasladar el centro de la polémica de las prostitutas y sus motivos, al silenciado y aceptado putero y sus razones para necesitar una sexualidad vejatoria sí que sería verdaderamente innovador y cambiaría el rumbo de las políticas. También necesitamos incorporar el discurso, también silenciado, de todos aquellos hombres que no necesitan de este tipo de prácticas y que son contrarios a las mismas, ellos deben explicitar sus razones si queremos desmontar el discurso de la necesidad imperiosa de una sexualidad cosificada.

Debemos desmontar las falacias y mitos construidos en torno a una sexualidad basada en el consumo y regida por el sacrosanto mercado. No podemos aceptar como natural la compra y venta de los cuerpos, o trozos de cuerpos de las mujeres, por ser lo único que tienen, con la ilusión engañosa de una elección voluntaria que nos exculpa. No existe la libertad de elegir ante una necesidad perentoria. Pero sí podemos elegir libremente, como acto de voluntad y de afirmación, frente a un ocio o una sexualidad banal y vejatoria. Lo más transgresor en estos casos es decir NO.

Para los hacedores de la nueva política desde el ámbito municipal les dejo unas palabras de Beatriz Gimeno de la que es reconocida su militancia feminista y política, también conocedora en profundidad del tema y que en la actualidad hace nueva política sin perder el oremus ideológico;

“…ocurre a menudo que este feminismo supuestamente de izquierdas usa un lenguaje que tiene la virtud de hacer aparecer el mercado como un espacio neutral ideológicamente hablando y el contrato de la prostitución en particular como una metáfora que sirve para valorarlo.

La regulación de la prostitución solo es defendible desde posiciones neoliberales, de ahí que sus principales defensores en la actualidad sean los empresarios y todas las empresas que se lucran de la misma, así como la derecha política que una vez liberada de la moralina conservadora ha comprendido muy rápido que esa regulación es perfectamente coherente con sus postulados políticos. (…) Así los partidarios de la regulación no se meten en disquisiciones éticas y simplemente constatan que existe, que es inevitable, y por tanto sostienen que una cierta parte de ella debe ser permitida, sujeta a permisos e impuestos…”

 

Por:

Cruz Leal Rodríguez  CRUZ LEAL RODRÍGUEZ

Graduada en Trabajo Social. Master en Políticas Sociales y Mediación Comunitaria. Experta postgrado en Inserción Laboral. Postgrado en Intervención con Personas con Disminución.

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