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La Policía invita a denunciar la trata y explotación sexual

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En el mes de noviembre la Policía Nacional detenía a dos mujeres y desarticulaba un grupo criminal dedicado a la explotación sexual y laboral de mujeres paraguayas que tenía un local de alterne en la localidad de Tomelloso. La trata de seres humanos con estos fines preocupa y ocupa a unas fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que señalan a Castilla-Mancha como «una zona de tránsito y destino». No en vano, concentra el 80 por ciento de los prostíbulos de carretera que hay en España. «Tratamos de detectar, proteger y asistir a las víctimas con la ayuda de terceras personas, porque la mayoría de las veces, por miedo o por ignorancia, se sienten incapaces de denunciar su situación», explica el subinspector del Cuerpo Nacional de Policía Ismael Espinosa, delegado de Participación Ciudadana de la Comisaría Provincial de Ciudad Real. De este modo, insta a los ciudadanos a destapar posibles casos a través del teléfono 900 10 50 90 y la dirección de correo electrónico trata@policia.es

 

Ismael Espinosa destaca la ayuda de terceras personas porque «la mayoría de las veces, por miedo o por ignorancia, las víctimas se sienten incapaces de denunciar»

Para que una persona sea considerada víctima de una situación de trata tiene que producirse su captación, traslado, recepción y acogida previamente. «No todas las mujeres que ejercen la prostitución están coaccionadas», aclara Juan Ángel Parra, de la Brigada Provincial de Extranjería, incidiendo en la ardua labor de identificar los posibles casos. «A veces son las familias las que nos alertan a través de las embajadas o consulados de sus países de origen», según explica.
Los agentes de la Policía Nacional también llevan a cabo inspecciones de oficio en clubes de alterne y casas de citas donde, al margen de los habituales controles de extranjería, intentan reconocer las señales que puedan esconder que una mujer es víctima de trata. «Durante la entrevista buscamos determinados indicios que nos puedan poner sobre la pista», señala Parra. Entre ellos, la carencia del pasaporte y la dificultad para comunicarse.

derechos y opciones. La inmensa mayoría llega a España, puerta y paso de todas las rutas internacionales para las mafias, engañada a través de un modus operandi que se repite y mantiene en el tiempo. «Nos encontramos con mujeres de bajo nivel cultural que desconocen el idioma», indica Parra. Y eso, según subraya, les conduce a un aislamiento que complica su salida y les encadena a la deuda contraída para poder escapar de sus países con la promesa de un futuro mejor. Por eso, a pesar de que la desconfianza de éstas hacia las fuerzas y cuerpos de seguridad no ayuda, es importante hacerles llegar información clara y veraz sobre sus derechos y opciones. «Se concede un periodo de reflexión a la víctima por el que se le autoriza la estancia temporal y se suspende el expediente administrativo sancionador que se le hubiera incoado o, en su caso, la ejecución de la expulsión», pone de relieve Parra. Así, puede acabar solicitando la autorización de residencia por colaborar con las autoridades.
Desde el Proyecto Esperanza de la Congregación de las Adoratrices, que acompaña desde 1999 a las mujeres que han sufrido esta lacra (sólo en 2014 atendió a 88), mientras trata de abrir la mirada al resto de la sociedad con campañas, charlas y publicaciones, su coordinadora, Marta González, incide en «un trabajo en red que permita mejorar las estructuras de respuesta desde un verdadero enfoque de derechos humanos». «Necesitan alojamiento en condiciones de seguridad, ya que la mayoría son extranjeras, y una orientación multidisciplinar para que puedan recuperarse y volver a tener la vida en sus manos», según precisa.
En esta ardua labor es importante remarcar que cada caso es un mundo y que, como tal, no se pueden seguir las mismas instrucciones. «La intervención es muy diferente en función del perfil porque, más allá de la nacionalidad o el continente del que proceden, están aspectos como la edad, la formación y la experiencia de vida», asegura González señalando que «el Proyecto Esperanza ayuda a estas mujeres hasta que sienten que han cumplido sus objetivos». «El tiempo depende de sus necesidades», subraya.
González es una de las tres personas que forma parte del equipo de identificación del Proyecto Esperanza que atiende las llamadas del teléfono de emergencia 24 horas (607 54 25 15). Según indica, «en los últimos 15 años nos hemos ocupado de informar y sensibilizar a los profesionales de aquellos entornos en los que se puede identificar a víctimas de trata». De este modo, al objeto de poder ofrecerles ayuda, Adoratrices ha formado a ONG que trabajan con personas inmigrantes, mujeres maltratadas y prostitutas, así como a los trabajadores sociales, médicos y enfermeros de los centros de salud; y ha firmado acuerdos de colaboración con la Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil.
España es el tercer país consumidor de prostitución, detrás de Tailandia y Puerto Rico. Y, según datos de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (Apramp), el 80 por ciento de las mujeres que la ejercen son víctimas de trata. De ahí, la necesidad de eliminar la condiciones que posibilitan la prostitución poniendo el acento en el cliente como «principal responsable de la misma».

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