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La prostitución es una forma de violencia de género extrema.

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La prostitución en Barcelona: hacia un escenario de violencia legaliza

 

  • “La prostitución es una forma de violencia de género extrema. ¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero puede transformar ese abuso en un ’empleo’?”, se pregunta Cristina Simó, vicepresidenta del Movimiento Democrático de Mujeres
  • Artículo de réplica a la opinión de la regidora de Ciclos de Vida y Feminimos del Ayuntamiento de Barcelona, Laura Pérez, ‘La prostitución en Barcelona: hacia un escenario de derechos’

 

 

Por: Cristina Simó

El pasado 20 de marzo la concejala de Feminismos del Ayuntamiento de Barcelona publicó un artículo en este mismo espacio titulado ‘La prostitución en Barcelona: hacia un escenario de derechos’. En este artículo se alude directamente a la campaña de recogida de firmas entre cargos públicos que el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) está impulsando en Catalunya en rechazo a la propuesta del Ayuntamiento de Barcelona de regularizar la prostitución.

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Esta campaña, que ha recibido el apoyo de alcaldesas y regidoras de ayuntamientos tan significativos de Catalunya como el de Santa Coloma, L’Hospitalet o Sant Cugat, busca sensibilizar a la sociedad sobre el hecho de que la prostitución se alimenta en nuestro país de forma mayoritaria de la trata de mujeres y menores de edad, niños y niñas, que son víctimas de las mafias.

Esta campaña busca impulsar la protección de derechos de personas vulnerables que se encuentran al servicio de los lobbies empresariales de proxenetas que utilizan en muchos casos a las mismas prostitutas en campañas publicitarias que buscan convertirlos en supuestos “empresarios del sexo”, como ya ocurre en Australia donde los megaprostíbulos pueden incluso cotizar en bolsa.

El lobby de los proxenetas y traficantes de mujeres y niñas se juega mucho dinero en su regularización en España: concretamente 3.700 millones de euros anuales. De ahí la presión insistente para conseguir que se regule el tráfico y la violencia contra las mujeres como si fuera una profesión más, utilizando para ello el falaz discurso de la “protección de derechos” de las mujeres, el mismo argumento que utiliza Laura Pérez.

Como si se pudieran proteger más sus derechos “violándolas” de forma regulada, pero eso sí, bajo estrictas condiciones higiénicas y con derecho al paro cuando los “empresarios del sexo” consideren que no quieren utilizarlas más.

El hecho de que se pague una cantidad de dinero no puede transformar ese abuso en un ’empleo’ al que se le quiere nombrar con el eufemismo de “trabajo sexual comercial”.  Reglamentar la prostitución, integrándola en la economía de mercado como quiere la patronal de los proxenetas, supone asumir que es una alternativa “laboral” aceptable para las mujeres que se encuentran en situación de pobreza o ilegalidad y, por tanto, si es aceptable, no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a ser prostituidas.

Además, si convertimos esta violencia en una profesión como otra cualquiera para las mujeres, ¿cómo podremos educar en la igualdad a una sociedad donde las niñas saben que su futuro puede ser prostitutas y los chicos que puede usarlas para su disfrute sexual si tienen el suficiente dinero para pagar por ello?

La postura neoliberal pro-prostitución del “patriarcado del consentimiento” que defiende esta concejala de BComú considera que hay prostitución fruto de la libre elección. Según esta postura, si hay consentimiento todo se puede comprar y vender. Las tediosas discusiones acerca de la “prostitución libre” o la “forzada”, o las elaboradas diferenciaciones entre trata y prostitución carecen de sentido.

Hay trata porque hay prostitución, del mismo modo que había tráfico de esclavos porque había esclavitud. La actitud democrática ante la esclavitud se basa en el rechazo a un estatuto degradante para la dignidad humana, no en la percepción que cada esclavo pueda tener acerca de su condición. Además el consentimiento no legitima de por sí una práctica, ni la convierte en trabajo.

La actitud democrática ante una explotación o violencia (prostitución, esclavitud, tráfico de órganos, ablación…) se basa en los derechos humanos, no en la percepción que cada esclavo o prostituta puede tener sobre su condición. Le recordamos a la concejala un principio básico del feminismo: “Lo personal es político”.

Todas estas razones son las que han motivado a unirse a nuestra campaña a la presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa, y las alcaldesas Núria Parlon y Lluïsa Moret, de Santa Coloma y Sant Boi de Llobregat respectivamente. No lo han hecho “por razones partidistas y cargadas de ligereza”, como acusa Laura Pérez, ni tampoco “desde el escenario de la comodidad; desde el parapeto de la respetabilidad que disfruta el cargo público”, porque hacerlo les significa enfrentarse de forma valiente a los intereses de las poderosas mafias de proxenetas para defender los derechos de las prostitutas y de todas las mujeres a no ser violadas, usadas sexualmente y traficadas.

Argumentan que la prostitución siempre ha existido. También las guerras, la tortura, la esclavitud infantil, la muerte de miles de personas por hambre. Pero esto no es prueba de legitimidad ni validez. Tenemos el deber de imaginar un mundo sin prostitución, lo mismo que hemos aprendido a imaginar un mundo sin esclavitud, sin apartheid, sin violencia de género, sin infanticidio ni mutilación de órganos genitales femeninos.

Desde el MDM animamos a la concejala Laura Pérez a no utilizar a las mujeres prostituidas para hacerse un nombre en la corporación municipal y a unirse a su alcaldesa y reconsiderar sus postura en defensa de unos intereses que coinciden paradójicamente con los de los lobbies empresariales de proxenetas y traficantes de personas.

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