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Si la subrogación de útero fuera gratis.

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“Si la subrogación de útero fuera gratis sería muy difícil de conseguir”

ÀNGELS GALLARDO / BARCELONA

La medicina que practica Marta Lafont Piñas (Barcelona 1971) se dirige a mujeres que, en muchos casos, sufren los efectos colaterales de una estructura económica que encaja mal con la fisiología de la procreación humana. La edad fértil óptima de las mujeres oscila entre los 25 y los 32 años, un periodo en que la maternidad es imposible para un alto porcentaje de las parejas, circunscritas a una legislación laboral que no impide excluir a las empleadas que programen tener hijos. Aunque PP y PSOE se han mostrado contrarios a legalizar la subrogación de útero, Lafont entiende que la práctica debe regularse, controlando que no sea una vía de explotación económica de las mujeres.

Marta Lafont - subrogación de útero
Marta Lafont, ginecóloga. | F: Albert Bertran

 

¿La crisis ha afectado a la medicina reproductiva de carácter privado?
–Ha habido un cambio importante. Antes, la reproducción asistida era exclusivamente privada –al margen de la que ofrece la sanidad pública– y ahora la ofrecen muchas mutuas que pactan con algunas clínicas precios ajustados que cubren el tratamiento o el estudio reproductivo.

–¿Se ha reducido la demanda?
–No. Yo creo incluso ha aumentado un poco, porque la edad en que muchas mujeres intentan quedar embarazadas cada vez es más tardía y su reserva ovárica disminuye con los años. Muchas parejas desconocen hasta qué punto es limitado el tiempo de tener hijos. Aumenta la demanda de información, no tanto el inicio de tratamiento.

–¿Lo intentan y después desisten?
–Eso es. Hay muchas parejas que hacen el estudio reproductivo y un único intento de tratamiento de gestación. No continúan con más ciclos por una cuestión puramente económica. Les cuesta conseguir créditos para financiar estos procesos. Los bancos ya no ponen facilidades crediticias como en otra época. Un tercio de las parejas que se informan no pueden asumir ni un solo ciclo.

–¿Qué precio tiene un intento?
–Un ciclo de fecundación in vitro (FIV) cuesta en estos momentos 4.500 euros [precio medio] a lo que hay que sumar la medicación, que no está financiada por la Seguridad Social si el tratamiento no se hace en un centro público. La medicación de un intento cuesta unos 1.000 euros.

–¿Y si es necesario recurrir a la donación de óvulos, porque los de la solicitante son inviables?
–Un ciclo con recepción ovocitaria son 6.700 euros, con la medicación. Quien emprende estos tratamientos ya sabe que no son baratos.

–¿Sus pacientes siempre son personas con altos recursos económicos?
–La mayoría de las parejas que atendemos no tiene una economía boyante. Lo que ocurre es que para ellos es prioritario conseguir un embarazo. Le dedican su dinero.

–Es su proyecto principal.
–Exacto. Hacen lo que haga falta. Cuando llevan 18 meses intentando un embarazo que no consiguen, se angustian. Yo las entiendo, de la misma forma que entiendo a las mujeres que no necesitan tener hijos. Es una cuestión de instinto y sentimientos. Y cada cual pone su límite.

–Límite.
–Se dicen, lo intentaré una o dos veces, y si no resulta, lo dejo definitivamente. Los ginecólogos podemos ofrecer muchísimas alternativas, pero ellas fijan el margen de lo que aceptan. Hay quien se marca como límite que los gametos [óvulo y espermatozoide] sean propios.

–¿De qué alternativas se trata?
–Muchas, pero hay que explicar muy bien de que hablamos, para no crear expectativas poco realistas.

–¿Poco realistas?
–Si. Un ejemplo de esto es la vitrificación [congelación] de óvulos. Ha habido campañas de marketing que ofrecieron unos índices de éxito no reales. Cuando surgió esta opción se dijo que podía ser útil para mujeres que iban a perder su fertilidad por tratamientos oncológicos.

–¿Y?
–Últimamente esta alternativa se ha anunciado para las mujeres que, estando sanas, quieren posponer la maternidad por motivos laborales o personales de otro tipo.

–¿No es correcto hacerlo así?
–Se debe informar muy bien de las posibilidades de conseguir un embarazo por esa vía cuando la solicitante tiene más de 35 años. La mayoría de mujeres que plantean una vitrificación sin estar enfermas tienen un nivel socioeconómico medio o alto, estudios superiores, y más de 35 o 40 años. Una investigación sobre esta técnica indicó que para asegurar un 95% de posibilidades de gestación se deberían congelar 20 óvulos y hacerlo antes de los 35 años.

–¿En qué consiste una FIV?
–Se estimula el ovario, con terapia hormonal, para después hacer una punción ovárica y extraer un óvulo que se fecunda en el laboratorio con semen de la pareja o de donante. El embrión generado se transfiere dentro del útero. Cuando la mujer tiene 42 o más años, o sufre un problema ovárico, se hace igual pero con óvulo de una donante. Esto último es lo que conduce a más embarazos.

–¿Qué porcentaje de éxitos logran?
–Si hablamos de una mujer y un hombre menores de 35 años, que no sufran alteración ovárica o masculina, en la primera transferencia embrionaria tendrán el 50% de posibilidades de embarazarse. Bastante.

–No es mucho.
–En la especie humana la probabilidad de que una mujer jóven y fértil quede embarazada en el primer mes de intentos es del 30%. Y hablo de una pareja sana de menos de 30 años. Cuando la mujer llega a los 40, esa posibilidad no pasa del 10%.

–¿Y si a los 40 se recurre a una FIV?
–La tasa de gestación que conseguimos es inferior al 20%. Cuando el óvuo es de donante se alcanza un 72% de gestaciones, porque solo pueden donar las menores de 35 años.

–¿Cuál es la edad idónea para intentar un embarazo espontáneo?
–La máxima fertilidad en las mujeres se produce a los 25 años. En esta época, la mayoría se deciden a intentarlo después de los 32 años, como media. Las mujeres que nos solicitan tratamientos de FIV tienen entre 37 y 42 años. En España, existe consenso clínico para no admitir a las que superan los 49. Intentamos no preparar a madres que son más bien abuelas. Una cuestión ética.

–¿Qué opina de la gestación subrogada, los úteros de alquiler?
–Es un tema controvertido. En España es una práctica ilegal, pero nos encontramos con parejas que van al extranjero a hacerlo y después han de inscribir aquí a los niños. Lo que no podemos hacer es negar una realidad: esto se hace, sea legal o no.

–¿En consecuencia?
–Yo creo que se debería regular por ley, pero solo par las mujeres que no tienen otra posibilidad de tener un hijo biológico: es evidente que siempre existe la opción de adoptar. La aplicación de esa ley debería controlar muy bien que no ocurriera lo que ha pasado en India y otros países, donde se ha presionado económicamente a las mujeres que asumían el embarazo subrogado.

–El PSOE se ha pronunciado en contra de legalizar esta práctica porque entiende fomenta la desigualdad, y el PP habla de regularla como una donación de órganos: gratis.
–Creo que si la subrogación de útero fuera gratis sería muy difícil de conseguir. Se podría fijar una compensación económica por las molestias de la gestante, pero ¿quien fija esa cantidad? En tal caso, la mujer debería tener una motivación altruista.

–Las que lo hacen ahora tienen una motivación económica.
–Si, por supuesto. De lo que yo conozco en EEUU, se trata de mujeres que en lugar de trabajar ejercen la maternidad subrogada. Allí les pagan cantidades importantes por cada gestación. Las parejas de las que yo tengo información han pagado entre 100.000 y 150.000 euros, aunque desconozco qué parte de esta cantidad recibe la gestante.

–¿Lo gestionan organizaciones?
–Si. Necesitan una infraestructura legal: abogados, documentos en los que conste que la mujer recibirá el embrión pero que el niño resultante pasará a otras personas. Todo firmado. La gestante y la pareja solicitante no tienen ningún rasgo biológico en común: si para generar el embrión se precisan óvulos de donante estos proceden de una tercera mujer.

–¿Qué ocurre con la vinculación que surje entre la gestante y el niño durante el embarazo? ¿Se prevé?
–En EEUU sí se tiene en cuenta. Por esa razón, uno de los criterios de admisión para ser madre subrogadora, además del exámen psicológico, es que como mínimo se haya tenido un hijo propio. Que tenga su propia familia previa. Allí hay mujeres que se dedican a la subrogación para poder estar con su familia todo el día, aunque siempre embarazadas.

 

Fuente: El Periódico.

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