Más del 80% de las mujeres que ejercen la prostitución en Arona son extranjeras
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Más del 80% de las mujeres que ejercen la prostitución en Arona son extranjeras

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Más del 80% de las mujeres que ejercen la prostitución en Arona (Tenerife) son extranjeras frente al 50% de promedio insular, según un foro técnico de análisis organizado por el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento.

El foro ha diagnosticado que Arona es uno de los principales destinos turísticos de Canarias, con 1,5 millones de visitantes al año de todo el mundo, fundamentalmente de Europa, con una realidad que no difiere mucho de otros entornos turísticos similares, con conflictos vecinales por la prostitución en la vía pública y críticas por una realidad con un trasfondo social mucho mayor, y en el que confluyen cuestiones legales, de seguridad, ciudadanas y de derechos humanos.

Esta realidad se describió en la jornada formativa y técnica ‘Víctimas invisibles de la violencia de género’, que congregó este jueves a casi 300 profesionales en el Auditorio Infanta Leonor de Los Cristianos, los cuales reflejaron una realidad plural y demostraron que cada vez más hombres trabajan y se esfuerzan para erradicar las violencias de género y lograr avances en igualdad.

Además de un amplio programa de ponencias técnicas, reunió en una mesa de experiencias de intervención y debate a representantes de las principales ONG que trabajan en el ámbito de la prostitución y la trata de personas con fines de explotación sexual.

En esa línea, puntualizaron que aunque existen hombres que se dedican a la prostitución, el porcentaje femenino es el mayoritario, más vulnerable y presenta una serie de singularidades que lo convierten en un complejo tema de intervención social.

Aportaron sus experiencias y debatieron con el público Celina Hernández Real, técnica de intervención del proyecto de Atención sociosanitaria a personas en situación de prostitución de Médicos del Mundo; Martina Kaplún Asensio, secretaria general técnica y referente para los temas de trata de seres humanos de la Fundación Cruz Blanca; Ana Esmeralda Castro Lorenzo, trabajadora social del proyecto La Casita de las Hermanas Oblatas, y Pilar Casas Navarro, de la Fundación Solidaridad Amaranta.

Moderó la mesa María Auxiliadora Díaz Velázquez, magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer Número 2 de las Palmas de Gran Canaria quien, previamente, ilustró a los presentes en una ponencia acerca de las medidas de protección de las víctimas de violencia de género al amparo del Convenio de Estambul. ESTRATEGIA GLOBAL

Todas coincidieron en la necesidad de que las administraciones se tomen este asunto en serio y pongan en marcha una estrategia verdadera y realista, con planes y acciones de integración laboral, medidas de carácter social (no pueden optar a ayudas económicas como la RAI) y sanitarias (la mayoría recibe atención médica gracias a las ONG).

Como ejemplo, Cruz Blanca está implantando en Arona un programa específico, y su estudio de campo preliminar ha revelado que existen 15 clubes, 2 puntos de prostitución en la calle, 6 chalés, 18 pisos y 6 locales de masajes eróticos.

Además, existen dos zonas diferenciadas: la turística (más visible, que se da a plena luz del día y que provoca conflictos vecinales a veces) y la de residencia de población migrante, más invisible.

PROHIBICIÓN E INVISIBILIZACIÓN

El debate también abordó la tensión que existe entre las tendencias de normalización y segregación y la falta de coherencia de las políticas públicas, con un tirón entre prohibición y abolición que penaliza indistintamente a mujeres y clientes, todo sin un análisis del impacto de estas medidas (sanciones legales y en ordenanzas municipales) sobre la población más vulnerable, que son las mujeres que la ejercen.

Así, señalaron que esta realidad hace que la prostitución se traslade “a espacios privados donde es más difícil el acceso” para los mediadores, “con lo que se produce un empeoramiento de la situación de las mujeres”.

Coincidieron en la invisibilización del fenómeno que se está produciendo al optar más por clubes y pisos. “Como no las ven en las calles, creen que hay menos prostitución y es falso”, un hecho que dificulta la labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para identificar a las víctimas de trata y de las asociaciones para que reciban atención sanitaria, social y tengan el apoyo necesario.

No en vano, se producen situaciones de aislamiento social por idioma, cultura y, sobre todo, por el estigma social y la desconfianza, que hace que se muevan en entornos muy cerrados de iguales. UNA NUEVA SEXUALIDAD

“La demanda es la gran olvidada”, un hecho que, resaltaron, requiere abordar la sexualidad masculina como la única vía para tratar el tema de una manera integral y coherente, para que “pagar por apoderarse de un cuerpo” no sea algo cotidiano.

En este aspecto profundizó Erick Pescador Albiach con un nuevo modelo para la prevención de la violencia machista en la población infantil y adolescente.

“La prostitución es un producto y reflejo de la desigualdad”, señaló la representante de Médicos del Mundo, quien explicó que no existe un perfil único y cada caso es diferente, pero sí se pueden señalar algunos aspectos generales. REGRESAR POR LA CRISIS

Así recordó que, desde los inicios de este programa en Tenerife, en 1995, se ha pasado de una mayoría de mujeres que se prostituían en la calle para pagar su consumo de droga a una evolución a principios del siglo XXI hacia una mayoría de mujeres inmigrantes, con el regreso de mujeres españolas que habían dejado la prostitución y han vuelto por la crisis económica, la falta de oportunidades y que se vieron abocadas a ello por su contexto personal.

Cruz Blanca trabaja desde 1996 con una red que ofrece opción de alojamiento para víctimas de trata con fines de explotación sexual (también es la única de España con una vivienda para hombres víctimas de trata), además de labores de acompañamiento en gestiones cotidianas, no solo información, como empadronarse, obtener la tarjeta sanitaria o ir a su primera consulta médica.

“Tienen miedo, vergüenza, no quieren hablar de que ejercen la prostitución”, un hecho que constataron trabajadores sociales y médicos presentes en la sala, como una matrona que, en diez años trabajando en Arona, mostró su sorpresa por el hecho de que solo una mujer se lo había dicho.

Su representante, Martina Kaplún, explicó la importancia de diferenciar prostitución y trata, ya que se puede acceder de manera autónoma, “propia, pero no libre, ya que la mayoría tienen muy pocas opciones entre las que elegir y cargas familiares muy fuertes”.

La representante del proyecto ‘La Casita’, con sede en la calle Miraflores de Santa Cruz desde 1992, ratificó las declaraciones de la ponente anterior a partir de su experiencia con las mujeres que ejercen en las calles del área metropolitana. VUELVEN A LA PROSTITUCIÓN POR LA CRISIS

Esta labor revela que el 50% en ese ámbito capitalino son españolas y que algunas han vuelto a ejercer la prostitución por la crisis económica.

Los rasgos de edad son diversos y amplios, aunque señaló que hay cada vez más jóvenes, se detecta en los últimos años un aumento de la violencia por parte de los clientes, y un deseo mayoritario de abandonar la prostitución si tuvieran otras opciones.

Pilar Casas Navarro, de Amaranta, contó su amplia experiencia en la realidad de la trata, de los abusos a los que someten a estas mujeres en el paso de fronteras, en los países de tránsito africanos donde incluso son violadas y maltratadas por la policía.

“¿Cómo no van a tener miedo a declarar y denunciar al llegar a España?, solo vemos un pequeño trozo de la explotación, trata, prostitución y violencia contra la mujer”, se preguntó.

La doctora en Sociología de la ULL, Sara García Cuesta, previamente también abordó la prostitución y trata con fines de explotación sexual, con las variables de detección, en una ponencia.

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