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Mentir como un putero

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  • La prostitución se sirve de mujeres excluidas social, cultural y económicamente para la comercialización de sus cuerpos

  • El relato que las expulsa se sustenta en la violencia.

 

La prostitución, privilegio del patriarcado y fruto del capitalismo más voraz según Rosa Cobo. / JUAN CARLOS MUÑOZ

 

 

Hace unos días, en una cena con un grupo de amigas, feministas convencidas, de diversa procedencia profesional y con personalidades tan caleidoscópicas como las inquietudes y voluntades que cada una promueve y siembra en la experiencia de la vida, una de ellas comentó que no tenía claro el asunto de la prostitución, que no sabía qué posición adquirir ante el mismo. No tenía claro si el posicionarse en contra de la prostitución atentaba contra la libertad individual de la mujer. Necesitaba argumentos y ampliar horizontes en relación con el feminismo. Tras una ronda de opiniones que apuntaron hacia la misma dirección, el abolicionismo, y en la que básicamente se habló de la prostitución como canal de perpetuación de privilegios patriarcales y económicos, pedimos la cuenta y emprendimos el camino de regreso a casa. Mientras caminaba y observaba ese otro rostro de mi ciudad durante la noche, una máscara caracterizada por el silencio, me dejé hacer por él por lo que, entre zancada y zancada, me encontré inmersa en una incómoda -y dolorosa- reflexión sobre cómo la prostitución había calado en la sociedad, no sólo con profundidad, sino lamentablemente también con contundencia y, por ende, firmeza. Casi me atrevo a decir que, a pesar de la ocultación, ha echado raíces.
Es curioso. Cuando te posicionas en contra de este ejercicio, corres el riesgo de ser tachada de puritana o algo similar. Me ha pasado cientos de veces, en ocasiones, de una manera explícita -te lo espetan en tu cara- y otras implícita a través de la mirada que arrojan sobre tu persona. Y es justamente lo contrario, todos los hombres y mujeres que conozco, que defienden el abolicionismo, creen -y practican alegremente- en el intercambio sexual de igual a igual, basado en el deseo mutuo. Creen en la más estricta simetría sexual, sin la necesidad de que una de las partes -mayoritariamente mujeres- sea reducida a mercancía. Esa es la clave. Que el terreno de juego sea el mismo para todos y el negocio de la prostitución promueve justamente lo contrario, precarizar y humillar a las mujeres. En este sentido, recomiendo la lectura de los artículos de la crítica de cine Pilar Aguilar, en Tribuna Feminista -o en la propia web de la autora-, en el caso que nos ocupa, sobre la necesidad de luchar por relaciones sexuales entre iguales, Aguilar afirma “que el sexo se base en el deseo compartido. Eso es lo revolucionario. Lo que cambia todo. Lo que de verdad ataca las raíces profundas del patriarcado”. Y yo sumaría, a este fragmento de su artículo Sexo y revolución, que ataca a las raíces profundas del capitalismo más voraz.
 

LA PROSTITUCIÓN SE ALIMENTA DE DESIGUALDAD, POR LO QUE SE ASEGURA Y GENERA MÁS DESIGUALDAD

 
 
 

Para entender ese poderoso vínculo que la prostitución ha generado con la sociedad -el algunos estratos, la prostitución es vista como un fenómeno social de prestigio, esto debe resultarnos especialmente escandaloso- hay que tener presente una serie de variables, algunos grandes aliados que la prostitución ha tenido: la cultura -con el cine como principal vehículo de transmisión-, la pornografía y el capitalismo. Y la izquierda, por supuesto, siempre temerosa y dubitativa ante según qué temas -recordemos el parto doloroso del PSOE cuando tuvo que tomar una decisión sobre los vientres de alquiler-. Rosa Cobo ha publicado recientemente un ensayo necesario para entender de qué hablamos cuando hablamos de prostitución y, sobre todo, el papel que las mencionadas variables han jugado en el asentamiento social de esta esclavitud maquillada de oficio. Lo que quiero destacar de este ensayo es la crudeza con la que Cobo describe el funcionamiento de la prostitución, cómo esta economía ilegal se sirve de mujeres excluidas social, cultural y económicamente para ser arrastradas a espacios adecuados para la comercialización de sus cuerpos y, aquí lo terrible, cómo ese relato que las excluye y expulsa se sustenta en el ejercicio de la violencia: “aquella que vulnera el derecho de las mujeres a la soberanía de sus cuerpos”.

La prostitución en el corazón del capitalismo (Libros de la Catarata, 2017) es un ensayo a través del cual la autora desmonta todos los mitos en torno a la prostitución y realiza un riguroso análisis sobre los mecanismos de explotación y desigualdad que se esconden tras ella, mecanismos que convierten a la prostitución en uno de los principales abonos del sector económico ilegal del capitalismo y, en su traducción para las mujeres, en la nueva barbarie del siglo XXI. En relación con las lógicas de expulsión mencionadas, y desde el prisma económico falocéntrico, Cobo afirma que “la prostitución representa una de las grandes expulsiones de mujeres, característica del capitalismo global, desde los países del sur hacia los del norte, de los países periféricos a los centrales. Y en el interior de los países con altas tasas de pobreza, la cartografía de la expulsión muestra el tránsito desde las zonas rurales a las urbanas y de las comunidades culturales más oprimidas a los ámbitos culturalmente dominantes”. Es por ello por lo que la prostitución debe, y con urgencia, adquirir una interpretación política. Si este sector económico se alimenta de desigualdad, se asegura y genera más desigualdad. Por ello me sorprendo cuando desde según qué ámbitos, esos nuevos feminismos que no comparto ni entiendo, defienden el derecho de la mujer a elegir si quiere ejercer o no la prostitución. Y mi sorpresa se sustenta en que esos perfiles siempre olvidan el contexto y cómo el ejercicio de la prostitución afianza los privilegios del patriarcado. O en palabras de Rosa Cobo; “La hegemonía ideológica patriarcal y neoliberal tiene la pretensión de normalizar esta práctica social y anclarla en el imaginario colectivo para que aumente su legitimación social”.

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