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HARTA, HARTA Y HARTA

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 Susana Gisbert

Perdónenme la poca imaginación del título. Me he exprimido las neuronas una y mil veces para titular de un modo que llame la atención sobre un tema que no llama la atención tanto como debiera. Y, al final, he decidido no hacer ninguna referencia a él en el encabezamiento. A ver si así consigo pillar a alguien desprevenido y se anima a leer antes de pensar que aquí está la pesada de siempre hablando de lo de siempre.

Y es verdad. Lamentablemente, es lo de siempre. Porque no hay modo de que se acabe, ni de que mejore la cosa siquiera. Porque siguen asesinando mujeres en proporción de una cada cinco días, y asesinando menores en proporción de uno cada mes y ya nadie se rasga las vestiduras. Pareciera que es algo que hemos asumido como un mal necesario o inevitable, como una tributo a pagar en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Y eso es lo que me tiene harta.

Y como quiera que si no se habla de ello, no importa., y si no importa, no da votos, y si no da votos no se habla de ello, entramos en bucle. La pescadilla que se muerde la cola. Más hartazgo.

 

Me planteaba si el problema es que son tantos los casos que se nos ha anestesiado el alma y la mente

El otro día me comentaba una buena amiga que tal vez nos estamos equivocando. Que es posible que esa práctica de hacernos eco lo más rápido posible de cada asesinato por violencia de género no sea la táctica más adecuada para conseguir resultados. Y de verdad que me gustaría dar con la respuesta adecuada. Saber exactamente cómo hacer para que aquellos que tienen potestad para invertir dinero, esfuerzo y ganas en el tema agarren de una vez el toro por los cuernos. Pero no lo veo. Por desgracia, es una cuestión que parece no hacer mella más allá de determinados sectores que nos dejamos la garganta gritando y los dedos tuiteando reclamando implicación.

Pero vayamos por partes. Me planteaba si el problema es que son tantos los casos que se nos ha anestesiado el alma y la mente. Y, echando mano de unos ejemplos, éste no debe ser el problema. También cosas como la corrupción ocurren cada día, por desgracia, y cada nuevo caso sigue acaparando titulares, debates y justa indignación. Y no hace falta ir tan lejos. Temas tan cotidianos como la meteorología dan lugar a espacios y espacios en los informativos. Y como de muestra vale un botón, pensemos en lo que pasa con la dichosa ola de calor, que nos está derritiendo vivos, desde luego.

A pesar de que es algo que pasa cada año, y de que poco tiene de extraño que los termómetros se disparen hacia arriba en verano y hacia abajo en invierno, cada vez que ocurre hay un enorme despliegue de medios para hablar de ello. Así que descartada esta razón.

Otra de las cosas que me cuestionaba es la incidencia en nuestra vida diaria, y si el número de muertes -asesinatos- no es suficientemente elevado como para darle una mayor importancia. Y tampoco está aquí la respuesta. Acabamos de ver cómo la muerte de veintiún ciclistas en las carreteras durante este año ha dado lugar a una alarma considerable, y con razón Una alarma que no parece igual cuando se trata de mujeres asesinadas, por más que el cómputo anual ya ande rondando la treintena. Así que tampoco es ésta la cuestión.

Nadie está libre de ser víctima.

Así que continuo dándole vueltas. Pero creo que el truco del almendruco debe estar en conseguir hacer llegar a la gente que éste es un problema de todas las personas, y no sólo de las mujeres que lo sufren. Y hacer llegar también que se trata de algo que nos puede pasar a cualquiera. Que, tal vez sin saberlo, nuestra hermana, nuestra madre, nuestra amiga o nuestra hija está pasando por ese calvario sin que sepamos captar las señales. Nadie está libre de ser víctima, no nos engañemos, porque víctima es, además, la sociedad misma, como lo es de otros terribles males como el terrorismo.

Pero hay algo más. Deberíamos asentar la convicción, de una vez por todas, de que cualquier cosa que hagamos puede ayudar, que cualquiera puede aportar un granito de arena y que, sobre todo, se puede salir de esa tortura diaria. Creo que el mayor de los problemas es aquí la resignación, el pensar que la cosa no tiene solución y que hay que asumirlo. Nada de eso. Pero si los medios de comunicación centran su atención en la parte morbosa del hecho, y se olvidan del resto, ésa es la impresión que queda. Hay que hacerse eco de cada asesinato, pero también hay que hacerse eco de otras cosas. De una parte, del castigo del culpable, transmitiendo un firme reproche de la sociedad entera hacia el maltratador. De otra, y todavía más importante, de las posibilidades de salida y de las mujeres que realmente lo han conseguido. Experiencias que pueden alentar a otras mujeres a dar el paso para salir adelante mucho más que campañas basadas en lágrimas, ojos morados y féretros.

Hay que conseguir que la pescadilla deje de morderse la cola y pueda nadar hacia adelante. Que el tema interese tanto como para que la ciudadanía reclame a los poderes públicos compromiso e inversión. Y ahí tenemos mucho que decir, que hacer y que reclamar. Pongámonos manos a la obra. A ver si nos hacen caso, aunque sea por hartazgo.

Y, por cierto. La próxima concentración que haya, sea en Ayuntamientos o en donde sea, que acuda todo el mundo. Fue mucha gente, pero mucha más se echó en falta.

 

vía: diario16.com

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