» » Rostros cada vez más jóvenes para ejercer la prostitución

Rostros cada vez más jóvenes para ejercer la prostitución

Publicado en: Noticias | 0

Una de cada tres mujeres atendidas por el proyecto Betania en 2017 tenía entre 18 y 25 años, un 9% más que en 2016 / El cliente también es más joven «debido a internet»

 

Las dimensiones de la prostitución en España son complejas, es una realidad opaca y en constante cambio, pero en su inmensa mayoría con rostro de mujer. Mujeres marcadas por una enorme vulnerabilidad social, que en muchos casos son víctimas de trata, explotadas por su propia familia o en situaciones de esclavitud. Como una mano amiga o ese bastón de apoyo que atenúa la dureza del camino complejo que supone abandonar la prostitución nacía hace veinte años el Proyecto Betania, de la mano de las hermanas Adoratrices y con la colaboración de Cáritas.

«El proyecto surgió tras el sínodo diocesano que se celebró en 1996», explica la responsable del programa, Consuelo Rojo. En aquella época, la prostitución estaban vinculada a mujeres españolas que «ejercían en la calle, por la zona del centro de la ciudad y presentaban dificultades con el consumo de drogas». La diócesis consideró que «sería positivo ofrecerlas algún tipo de acompañamiento y nos llamó a las Adoratrices para dar comienzo, junto a Cáritas, al programa».

 

Una usuaria del proyecto Betania mira por la ventana. - ECB
Una usuaria del proyecto Betania mira por la ventana. – ECB

 

En estos veinte años de trabajo, la realidad de la prostitución ha cambiado y aunque sigue habiendo mujeres españolas ejerciendo, especialmente en los últimos años donde la crisis más ha abocado al ejercicio, «lo normal es encontrarnos con jóvenes mujeres inmigrantes o españolas de segunda generación», apunta Rojo, quien recuerda que «no podemos olvidar que la prostitución es un mercado más y como tal, la ley de la oferta y la demanda es la que rige y exige ‘mujeres diferentes’ para el mantenimiento del negocio».

Por otra parte, en estos últimos 30 años la trata ha irrumpido «de lleno» en la prostitución y lo ha hecho «debido a la demanda de mujeres ‘exóticas’, jóvenes y ‘nuevas’», pero sobre todo porque «los explotadores han visto un nicho de negocio que requiere de mínima inversión y tiene un máximo beneficio. A la mujer en trata «se le puede ‘sacar beneficio’ durante más de 3 años», mientras que en otros negocios como la droga o las armas «una vez que se ha vendido el material ya no le puedes sacar más aprovechamiento económico».

Ellas, sin embargo, se ven en un callejón sin salida donde los clientes. que «son los únicos a parte de sus explotadores que tienen contacto con ellas. difícilmente van a denunciar porque podría suponer su propia exposición a la luz».

La exigencia voraz de la demanda de ‘nuevas’ mujeres ha supuesto un cambio sustancial en la edad de las féminas que ejercen la prostitución. Cada vez son más jóvenes. Tal y como apunta Rojo, del total de mujeres que el proyecto atendió el pasado año en su centro de día, «el 30% tenían entre 18 y 25 años, lo que supone un 9% más que en 2016». Se trata de un porcentaje «mucho mayor que en años anteriores» y agrava la situación saber que, «de estas jóvenes, más de la mitad eran víctimas de trata o presuntas víctimas».

Los clientes «quieren mujeres jóvenes y los tratantes y traficantes se las traen». Esta realidad se ha incrementado en los últimos dos años debido al repunte de la economía española. «El gasto en prostitución vuelve a crecer y las mujeres que sueñan con un futuro que su país no puede ofrecerles deciden venir a buscarlo aquí, sin saber lo que realmente les espera», asevera la religiosa.

El cliente de prostitución también ha variado en los últimos años. «Cada vez es más joven», asegura Rojo. Internet es el culpable y es que «ha llevado el porno a todos los hogares y a los móviles y lo ha normalizado, muchos jóvenes buscan el sexo que ven en las películas en los locales de prostitución». Precisamente en el año 2016, las responsables del programa advertían de la peligrosidad de una prostitución más ‘sutil’, que estaba surgiendo a raíz del peso de las redes sociales. «El mundo virtual se nos impone y este mundo, tan desconocido a veces, es y puede ser un puente para todo, tanto para ayudar a crecer a las personas, como para destruirlas», expone Rojo.

La religiosa pone como ejemplo del cambio la evolución que han sufrido los anuncios de prostitución. «Hace unos años había páginas y páginas de anuncios en la prensa tradicional, pero ahora pueden prescindir de estos ingresos». Un cambio que «puede venir motivado por una reflexión concienzuda, pero que seguramente se deba a que ahora internet está al alcance de casi todo el mundo, con una accesibilidad, anonimato y libertad que el mundo real no permite».

A lo largo de estas dos décadas, el proyecto ha trabajado con más de 850 mujeres. Mujeres que, a pesar de sus diferencias y sus historias personales, tenían una característica común, que «ninguna mujer entra en prostitución si tiene alternativas, lo hacen cuando no tienen más remedio», asegura la religiosa. Llegan a la prostitución «cuando la vida, por unas u otras circunstancias, les empuja a ello y no ven otra salida».

En este sentido, Rojo explica que aunque la razones por las que las mujeres que se mantienen en prostitución puede ser muy distintas, el motivo que las lleva a ella es casi siempre el mismo, «la desesperación». Además, la inmensa mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución se han encontrado y se encuentran en un situación de pobreza. «Por pobreza no sólo estamos hablando de situaciones económicas, sino también situaciones personales, sociales y familiares».

En el plano económico, «a pesar de que muchas ingresan bastante dinero son pocas las que son capaces de mantener la cabeza fría estando, en ese mundo que todo lo ensucia, para llevar a cabo los proyectos que les llevaron a prostitución». En palabras de las propias mujeres, aseguran que «el dinero de la prostitución está maldito, que desaparece y no sabes cómo o que ese dinero no te ofrece calidad de vida» porque «sienten una inmensa soledad, se sienten despreciadas por ejercer la prostitución y su vida se reduce, en muchos casos , a dormir y trabajar, sin relacionarse con personas que no tengan nada que ver con el ambiente», asegura la responsable del programa. Además, la doble vida que muchas se ven obligadas a llevar «en muchas ocasiones se hace insoportable, tener que mentir a quien más quieren- a su familia- es tremendamente duro».

 

Acompañamiento

El proyecto Betania es, sin duda, sinónimo de acompañamiento. «Nosotras podemos acompañar y apoyar, pero siempre es la libertad de la mujer la que debe definir su decisión de abandonar la prostitución, es su elección», explica Rojo. El papel de Betania es, por tanto, dotarlas de recursos y de apoyo una vez ellas deciden dar el paso. «Son las únicas protagonistas de su vida, ellas son las que se empoderan, nosotras posibilitamos oportunidades y abrimos caminos, pero quienes los recorren son ellas», explica la responsable, «las acompañamos un trocito de su camino y tenemos la suerte de estar un ratito en sus vidas».

Betania, que cuenta con cuatro trabajadoras y diez voluntarios, atiende a la mujer con un «acompañamiento integral» gracias a sus programas sociosanitario, jurídico, formativo, laboral, psicológico o educativo, entre otros. «Nos adaptamos a lo que las mujeres nos van demandando y según ellas van descubriendo y descubriéndose, para lograr recuperar lo que han perdido por el camino, intentamos ser posibilitadoras de encuentros para sanar y que puedan reencontrarse con ellas mismas y sus circunstancias».

El proyecto cuenta además con recursos de acogida. En 2017, 10 mujeres ingresaron en estos recursos y «expresaron su voluntad de permanencia a mediano y largo plazo y demandaron un inicio de su proceso de reinserción, por lo que su permanencia en el recurso ha sido más larga que en años anteriores cuando varias mujeres llegaban a la casa de acogida en espera de ser retornadas a sus países», comenta Rojo. De las 10 mujeres atendidas en este recurso, seis fueron identificadas por la policía, mientras que las demás «eran mujeres en contexto o en riesgo de prostitución y con otras problemáticas añadidas como falta de refugio, enfermedad grave, etc».

Por otra parte, cuando al programa llega una mujer con hijos, las trabajadoras «acompañamos a las madres en su empoderamiento como tales y las ayudamos en la adquisición de herramientas que las permitan afrontar el proceso educativo». Al mismo tiempo «es fundamental la derivación y coordinación de estos casos con los organismos competentes en materia de menores para que el núcleo familiar esté lo mejor atendido especialmente si hay menores en riesgo»

Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.