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Voluntarios apoyan la reinserción de agresores sexuales en Cataluña

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  • La Generalitat impulsa un programa piloto para que los ciudadanos asistan a violadores que quedan en libertad para minimizar el riesgo de reincidencia.
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Pedro Luis Gallego, conocido como el violador del ascensor, a su salida de la prisión de Alcalá Meco (Madrid). / LUCA PIERJOVANNI (EFE)

 

“Cuando me hablaron de agresores sexuales, pensé que debía ir con cuidado. Luego me di cuenta de que lo esencial de esta iniciativa es que no haya más víctimas”, explica Arancha, una de las 15 personas voluntarias que, desde el pasado noviembre, ofrecen una red de apoyo a delincuentes sexuales que se encuentran en la calle para disminuir el riesgo de reincidencia. De eso trata el programa Círculos, que ayer presentó el Departamento de Justicia de la Generalitat y que, por ahora, atiende a tres convictos por delitos contra la libertad sexual.

“No me olvido de que esa persona ha dejado víctimas, pero intento ver a quien tengo delante. El ambiente del grupo es cercano, y ves cómo el agresor empieza a brirse, que necesita apoyo y que está solo”, sigue Arancha, que es psicóloga y trabaja con niños. “Es una forma de darle la vuelta a la estigmatización que provocan estos casos”, añade.

La iniciativa no es nueva. La ideó una congregación religiosa de Canadá en 1995 ante la alarma social que provocaba la excarcelación de violadores con alto riesgo de reincidencia. La congregación auspició la creación de un grupo de personas de la misma comunidad donde vivía el delincuente para darle apoyo y supervisar su actividad cotidiana. De una tacada se conseguían dos objetivos: facilitar su reinserción social y minimizar los riesgos para la comunidad. El experimento sató a Estados Unidos, Reino Unido, Holanda y Bélgica y ahora, mediante un proyecto financiado por la Unión Europea, se ha puesto en marcha en Cataluña.

Un proyecto europeo
JESÚS GARCÍA
El éxito del programa Círculos en Canadá llamó la atención de los expertos en sistema penitenciario de Reino Unido, que lo asumieron. Holanda se sumó poco después, también con buenos resultados. Dada su experiencia, esos dos países son los coordinadores de un programa de la Comisión Europea destinado a expandir el proyecto por el continente.
Para el programa piloto, que tendrá una duración de dos años, los responsables han escogido a Cataluña, a Bulgaria y a Letonia. Otros tres Estados —Francia, Irlanda y Hungría— participan como “observadores”. En la elección de Cataluña —que recibirá una subvención de 71.399 euros— ha pesado la existencia de programas específicos para agresores sexuales en las prisiones: tres de cada cuatro internos que alcanzan el régimen abierto se han sometido a alguno de esos tratamientos, según Justicia. En Cataluña, cada año cumplen condena por delitos sexuales 90 internos. De estos, más del 80% no vuelve a delinquir.

Los buenos resultados cosechados en esos países es lo que ha movido a la Generalitat a adoptar la medida. “Las tasas de reincidencia donde se aplican los círculos caen entre un 60 y un 80%”, detalló Carles Solé, director del programa piloto, que dará cobertura durante dos años a tres agresores sexuales que han accedido al régimen abierto o a la libertad condicional y que, en prisión, se habían sometido con éxito a tratamientos de rehabilitación.

El “círculo” de cada agresor sexual está formado por cinco voluntarios —entre los que hay hombres y mujeres de perfiles y edades variados— que le ofrecen apoyo emocional y material y se reúnen periódicamente con él para evaluar sus progresos y sus dificultades. “No más víctimas” es el principio que rige el programa. Por eso, los voluntarios tratan de alejarle de situaciones de riesgo. El intercambio de información, “sin secretos”, entre el condenado y el círculo también es esencial. El reo debe “informar sobre todos los aspectos importantes de su vida: gestión económica, ocupación de tiempo libre, actividades, relaciones, etcétera”, detalla Justicia.

A través de un coordinador, los voluntarios informan a su vez a un segundo círculo, este formado por profesionales: servicios sociales, psiquiatras, policías, responsables penitenciarios, etcétera. Así, los voluntarios tienen el asesoramiento necesario para seguir trabajando con el preso.

Buena parte del peso de la iniciativa recae sobre el propio condenado, que debe tener querer “formar parte de la sociedad, con responsabilidad y voluntad de cambio”. Debe, además, analizar los errores cometidos en el pasado y diseñar su propio plan de acción para evitar recaídas. El perfil de reclusos que participan en la iniciativa es el de una persona que ha superado con éxito los tratamientos de rehabilitación, que presenta un riesgo entre moderado y alto de volver a reincidir y que, además, carece de recursos sociales o personales.

Fuente: www.elpais.com

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